Es el latido inexorable del tiempo que se acumula y nos arruga la piel, nos encanece el cabello y nos enlentece los pasos. Toda vida sigue ese camino y también un blog. Algunos lo llaman madurez, otros lo llaman envejecimiento; yo no sé cómo llamarlo pero se siente en los huesos.
Tal vez, cuando se cumplen cuatro años desde el primer dia en que este blog estuvo online, escribir no es otra cosa que seguir la tradición que uno se ha auto-impuesto; tal vez sea una forma de reafirmar compromisos personales, de mirar hacia atrás y preguntarse lo mismo que me preguntaba aquel primer día en que hice click y ya no hubo marcha atrás porque sabía cómo había llegado hasta aquí pero no tenía mucha idea de por qué había llegado hasta aquí y ¿para que demonios uno quiere tener un blog?
Luego de cuatro años, sigo escribiendo con dos dedos (y eventualmente tres), sigo sin creer en las cosas automáticas, sigo tratando de entender en lugar de tener, sigo sin mirar demasiadas estadísticas, me siguen sin importar los rankings, sigo acumulando desconocimiento, sigo riéndome de mi propia ignorancia y envidiando en secreto lo para otros parece tan sencillo.
Cuatro años significan millones de palabras ordenadas y desordenadas, palabras que a veces no significan nada y a veces sólo las entiende quien las escribe pero que, de todas maneras, están allí, dejando partecitas de uno mismo en el mundo digital.
Es que un blog siempre es uno mismo escribiendo un blog. No hay manera de evitarlo, las máscaras son demasiado transparentes y ese es un problema serio porque del otro lado siempre hay alguien que te irrita, que te mima, que te deja un sabor amargo, que te hace sonrojar, que te cubre de emociones que a veces son difíciles de soportar pero que siempre son mejores que la nada estéril del silencio.
Un blog puede ser impersonal, puede ser una simple suma de recortes tomados de aqui y allá pero ¿que sentido tendría?
Yo no sé qué maldita cosa es este blog pero duele demasiado y sonrie demasiado para que no merezca que de tanto en tanto le de las gracias y le pida que me siga alimentando el alma ... un rato más.
Tal vez, escribir estas cosas y seguir la tradición no sea más que una forma de enviarle ese deseo al futuro ...







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