JMiur [E]

Toda su vida, el señor Obdulio había ambicionado una bufanda verde y ahora, después de tantos años de sacrificada espera, estaba a punto de conseguirla. Con ese paso tranquilo y a la vez rápido que lo caracterizaba, entró en el negocio de la esquina de su casa.

— Buenos días, señor — lo saludó cortésmente el empleado — ¿en qué puedo servirlo?

— Mire — hizo un gesto en torno al cuello — yo quisiera una bufanda verde.

— Ah, muy bien, muy bien, vino usted al lugar indicado. ¿En que tono de verde la quiere?.

— Y, así, verde, verde, nomás.

El empleado sonrió como si hubiera entendido y extrajo como por arte de magia, una serie de bufandas de atrás del mostrador.

— Esta es verde pitonisa.

— A mi me parece azul — se arriesgó a decir el señor Obdulio.

— Esta otra es verde renacimiento.

— A mi me parece gris — dijo otra vez el señor Obdulio con temor a ofenderlo.

— Sí, sí, bueno, aquí tiene para elegir entre estas tres — y fue señalando — esta es verde indecisión, esta es verde palma y esta otra es verde apocalipsis.

— No, no, no — movió la cabeza ya algo enojado — son rojas, amarillas y negras, yo quiero una verde, simplemente verde.

— Estas son verdes — afirmó el vendedor con convicción — bueno, no, exactamente verdes no, sin embargo ...

Después de un rato, el señor Obdulio dio las gracias y se fue con su bufanda roja en un paquete. Tuvo que caminar varias cuadras hasta encontrar otro negocio abierto. Entró, y con su voz más simpática, preguntó:

— ¿Tiene bufandas verdes?.

— Por supuesto, señor — dijo el vendedor colocándose la sonrisa más grande que tenía — aquí tenemos de todo, ¿usted, en que tono de verde la prefiere?

— No, nada de tonos — lo interrumpió — yo quiero una bufanda verde, simplemente verde — e hizo un ademán de detenerlo cuando iba a sacar algo de abajo del mostrador — y no me vaya a mostrar nada que no sea verde.

— Pero, señor — protestó el vendedor, alarmado.

— ¿Tiene o no tiene bufandas verdes?

— Bueno __ dijo el vendedor algo amedrentado — claro que tengo, ¿cómo no voy a tener?

__ Está bien, muéstreme.

El vendedor se dio vuelta y empezó a revolver en los estantes. Por fin se detuvo y lo encaró, aún sonriendo.

— Es que, ..., verdes, verdes, exactamente verdes no son, sin embargo ...

Al día siguiente, el señor Obdulio fue a un antiguo negocio que el pariente de un amigo o el amigo de un pariente le había recomendado calurosamente. En su casa, aún quedaban sin abrir, los dos paquetes que había comprado el día anterior, uno con una bufanda roja y el otro con una amarilla con hermosas pintitas marrones.

No vale la pena seguir contando las tristes desventuras de nuestro héroe, sólo basta agregar que debió pasarse buena parte del fin de semana abriendo y acomodando los paquetes que amenazaban con invadir la sala.

Había bufandas rojas, azules, amarillas, a rayas, a cuadros, formando extraños dibujos abstractos o emotivos paisajes otoñales. Había de todos los colores imaginables, pero ni una sola bufanda verde.

El señor Obdulio estaba resignado y ya había colocado todas sus bufandas en fila para elegir la que usaría el día siguiente, cuando sonó el timbre.

— Buenos días, señor — lo saludó un vendedor.

— Buenas, ¿qué quiere? — le contestó fríamente el señor Obdulio.

— Disculpe que lo moleste. Vengo en representación de la firma Hiladur, fábrica de tejidos a mano con más de cincuenta años en el mercado, para ofrecerle a usted, la oportunidad de adquirir, a precios rebajados, nuestra nueva colección de bufandas de fina lana.

Los ojos del señor Obdulio brillaron.

— ¿Tiene bufandas verdes?.

— Absolutamente — contestó el vendedor con su radiante sonrisa, llena de lucecitas fulgurantes — tan verdes como puede ser el verde. Y, como le decía, nuestra fábrica posee el mejor surtido de bufandas, incluyendo verdes, claro está —y comenzó a extraer del interior de su valija, una multitud de bufandas de todo tipo.

El señor Obdulio suspiraba de emoción, al fin iba a tener la bufanda que tanto quería.

— ¿Se da cuenta lo que significa una bufanda verde para mi?.

— Me imagino, me imagino — sonreía el vendedor mientras seguía revolviendo — aunque debo advertirle que, exactamente verdes, lo que se dice verdes, no son, pero, sin embargo ...

5 comentarios:

Salón de sol  

Te regalo una verde manzana.
Bikos verde limón, jeje!

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JMiur  

Muy bueno, seguramente el Señor Obdulio quedará muy agradecido :)

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CaTa  

Muy bueno el cuento.
Este señor Obdulio es como la representación de la búsqueda del ensueño. Son como esos sueños que uno persigue tratando de alcanzarlos, pero que , a cada paso que das, te desvías por las seducciones del momento.
Finalmente nunca llegas a alcanzarlo, y en el camino te llenaste de bufandas,canas, una abultada barriga,o se te cayó el pelo, una deuda hipotecaria y te encuentras como el señor este, Obdulio, atrapado en cosas que nunca quisiste elegir, manipulado por los vendedores de ilusiones y sin lograr tener tu bufanda verde.


uhmm...me habré puesto un pokito dramática? muyyyyyyyyy weno el cuentooo, como siempre!! Hurras, y Hurras! :D

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genbx 21  

muy buen cuento ehh

¿Me pregunto cuando el señor obdulio encontrara su bufanda verde?

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JMiur  

Tal vez nunca, tal vez, como dice Cata, está atrapado entre las cosas que nunca quiso :)

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